Sant Llorenç des Cardassar

El término municipal de Sant Llorenç des Cardassar tiene una superficie de 82,1 Km2 y 8.700 habitantes. Se encuentra situado al Nordeste de la isla de Mallorca y está compuesto por dos localidades de interior, Sant Llorenç des Cardassar y Son Carrió, además de los núcleos turísticos de s´Illot, sa Coma y Cala Millor.

El municipio cuenta con más de 70 yacimientos arqueológicos catalogados, entre los que se encuentran cuevas de hábitat y entierro o restos de poblados talayóticos.

De la época romana destaca la basílica Paleocristiana de Son Peretó y de la época de dominación árabe, desde el siglo X hasta los comienzos del siglo XIII, los vestigios en la toponimia.

Antes de la conquista catalana, Sant Llorenç presentaba una población dispersa cerca de los torrentes, pozos y el cerro donde se levantó la iglesia del pueblo. Con la llegada de los catalanes i aragoneses, se expulsaron a los árabes y Sant Llorenç des Cardassar se convirtió en casco urbano, dependiendo administrativamente de Manacor.

En la bula del Papa Inocencio IV (1248) se nombra ya la Parroquia de Santa María del Bellver, donde se rendía culto a Sant Llorenç. De ahí que durante muchos años, el término municipal era conocido por Santa Maria de Bellver o Bellver. Sin embargo, también aparece documentado como Sant Llorenç de Bellver (1349) i Sant Llorenç des Cardassar (1519). El 1612, ante la inseguridad de la costa y los ataques piratas, el Gran i General Consell ordenó construir la fortaleza de la Punta de n’Amer, conocido como el Castell de Sa Punta de n’Amer, sobre una antigua fortificación.

En el año 1892 Sant Llorenç des Cardassar alcanzó la independencia del municipio de Manacor. Y, ese mismo año extendió su jurisdicción hasta Son Carrió, en el interior, Cala Millor, sa Coma y s’Illot en la zona costera.

El año 1948 se autorizó la parcelación de Ca n’Amer, en s’Illot, y rápidamente empezó el desarrollo de las zonas turísticas. La actividad de bordados y una pequeña industria de carpinterías y algunos almacenes agrícolas se combinaban con la agricultura y ganadería hasta que la actividad turística y la construcción atrajeron la mayoría de las inversiones en los años 60. La actividad económica cambió del sector primario al terciario en pocos años, siendo éste sector el más representativo de la industria local. Por ello, el municipio se ha adaptado a los nuevos cambios, creando las infraestructuras necesarias para albergar los servicios propios del turismo como por ejemplo, el alojamiento, la restauración, el transporte y el comercio.

Son Servera

Los primeros vestigios de habitantes en Son Servera se remontan a la etapa de la prehistoria, probablemente pobladores de origen sardo, corsos, sicilianos y occitanos; territorios similares a Mallorca arqueológicamente y probablemente relacionados con las culturas indoeuropeas prehistóricas griegas que llegaron a las islas, sobre todo a Mallorca y Menorca.

De esta época pretalayótica y talayótica se conservan en Son Servera más de 40 asentamientos importantes: cuevas pretalayóticas en la posesión de Son Sard y yacimientos talayóticos con numerosas navetas, talayots y fortificaciones, como por ejemplo los de Pula, Son Gener o sa Pleta, generalmente edificados en cerros y lugares de cierta altitud.

A la caída del imperio romano las islas sufrieron conquistas varias: desde vándalos y otros pueblos germánicos hasta del imperio romano de oriente, tal como indican crónicas de la época y restos de templos bizantinos cerca de Son Servera y Sant Llorenç.

Posteriormente, con la caída del reino visigodo peninsular, los árabes llegaron a Mallorca en el siglo X. La población árabe de la zona se estableció de manera dispersa en varias alquerías y posesiones: Ferret, es Canal, sa Penya Roja, Son Comparet, Ca s’Hereu o Son Floriana, todas relacionadas con el dominio de Artà (Iartan) y con la familia musulmana Quinena, pero al tratarse de población rural dispersa en alquerías, las trazas árabes conservadas son escasas. Aún así cabe mencionar, por ejemplo, s’Hort Tancat, la fuente de sa Jordana y los molinos hidráulicos de Son Sard y Son Comparet. De hecho permanecieron hasta el comienzo del siglo XIII, concretamente hasta el año 1229, época en que Mallorca y a continuación el resto de las islas fueron conquistadas por el Reino de Aragón. Con la conquista de Mallorca lograda por el rey Jaume I, la isla, una vez derrotados y expulsados los árabes, fue repartida entre los nobles y las autoridades eclesiásticas que habían participado y colaborado en la conquista, principalmente catalanes, y también aragoneses y de otras procedencias, como por ejemplo occitanos e italianos.

Las actuales comarcas de Son Servera y Artà fueron adjudicadas a ciudadanos y caballeros marselleses que habían participado en la conquista: bienes del término de Iartan (Artà) -los que habían sido propiedad de los Benu-Quinena mencionados- y también se adjudicó una parte a los religiosos de Sant Jordi, de ahí hoy la posesión de Sant Jordi.

La nueva estructura poblacional permaneció dispersa a partir del siglo XIII y durante unos doscientos años, sin la creación de ningún núcleo urbano destacable, a pesar de que en las Ordinacions del año 1300 se hablaba del establecimiento de una ‘pobla al Port de Banyeres’, probablemente el Port Vell actual. No quedan trazas de estas construcciones si es que se produjeron.

La familia Servera, originaria de la localidad mallorquina de Porreres, adquirió gran parte de las tres alquerías de Binicanella en el siglo XIV, a pesar de que la comarca continuó dependiendo administrativamente de Artà. A finales del siglo XV, después de la división de las tierras de la familia Cervera (o Servera), Binicanella se convierte en el núcleo de la actual villa con la construcción de una torre de defensa contra las incursiones de los sarracenos, en el centro del actual Son Servera, y que hoy es la torre de la vicaría, en la iglesia del pueblo entre las dos partes de la alquería, la de Son Garí -al norte- y la de Ca s’Hereu -al sur-, ambas propiedad de la familia Servera.

Las tierras de esta familia se fueron dividiendo entre los miembros de la familia a lo largo de los años. Ya en el siglo XVI había casas en Ca s’Hereu y existe constancia de la celebración de misas en la torre en el centro del pueblo, hecho que constata que ya había casas y población estable alrededor.

A finales del siglo XVII la familia Servera pierde todas o gran parte de sus tierras por deudas y el ayuntamiento de Artà las embarga y las pone en venta. Sin encontrar compradores inmediatamente, el gobierno de Artà (denominado Universidat) toma posesión de las casas y las tierras de los Servera y las vende con ciertas condiciones, entre otras que ningún comprador adquiera más de cuatro cuarteradas (una cuarterada equivale a unos 7000 metros cuadrados) y que necesariamente los compradores fueran vecinos de Artà.

En los últimos años del siglo XVII hay constancia de unas decenas de casas con corral a lo largo de una vía pública que partía de la torre en terrenos de Ca s’Hereu, siguiendo aproximadamente la actual calle del Doctor Servera.

El casco urbano serverí empezó a crecer considerablemente, siempre dependiente del ayuntamiento de Artà. Hasta que en el siglo XIX, después de varios cambios legales en los que Son Servera se convertía sucesivamente en municipio independiente o volvía a la jurisdicción de Artà, en 1820 la villa pasa a ser ayuntamiento independiente. Entonces la población era casi de 2000 habitantes, a pesar de que había menguado severamente a causa de varias epidemias, establecidos entre el casco urbano y en otras posesiones dispersas.

Durante el siglo XX, la economía de Son Servera ha experimentado un importante cambio: de la agricultura, la ganadería y en menor medida la pesca, ha pasado a ser uno de los principales focos turísticos de la isla.

Cala Millor

Cala Millor, uno de los núcleos turísticos de Mallorca más conocidos en Europa Occidental, tiene su origen a finales de los años cincuenta y, desde entonces no ha parado de crecer y desarrollarse.

Cala Millor, ha pasado por todas las etapas de la historia del turismo en Mallorca. En los años sesenta, cuando se levantaron los primeros hoteles, el Eureka y el Sabina, sólo había unas cuantas casas planta baja y varios hoteles en construcción. Posteriormente, ha pasado por la época del desarrollo urbanístico, a finales de los años sesenta y setenta, ha sufrido la crisis de los ochenta y la reconversión, planes de embellecimiento y la mejora de la calidad de los años noventa, hasta la actualidad, en que se tiende hacia un desarrollo del turismo sostenible.

Cala Millor es en la actualidad un destino de sol y playa, cuyos atractivos que nos identifican son las playas de arena fina y blanca, el agua azul y transparente y las zonas naturales protegidas. Cuenta, además, con una gran oferta de alojamiento y servicios complementarios que proporcionan a nuestros visitantes unas vacaciones confortables y de calidad, configurando así una nueva forma de entender el fenómeno turístico.

Sa Coma

Sa Coma nació como destino turístico en los años ochenta, en los que se empezaron a construir los primeros hoteles, apartamentos y segundas residencias. Desde entonces, continúa creciendo de forma controlada con un plan urbanístico basado en la proliferación de zonas verdes, zonas de ocio y la protección de espacios naturales como Sa Punta de n’Amer, Área Natural de Especial Interés (ANEI) y uno de los enclaves naturales privilegiados del litoral. Un alud de vestigios históricos caracterizan este espacio natural: al lado del mar encontramos Sa Pedrera (restos de la antigua actividad de extracción del marés), más adentrado encontramos el Castell, vestigio arquitectónico de la defensa de nuestros antepasados y, algo más al interior, restos arqueológicos del pasado talayótico, que caracteriza esta época de la prehistória.

S’Illot

Ya nuestros antepasados prehistóricos descubrieron en s’Illot un enclave perfecto para construir uno de los principales poblados talayóticos de la isla de Mallorca. Considerado como uno de los yacimientos más importantes de la cultura talayótica y postalayótica por su variedad monumental y su compleja y dilatada evolución histórica, este poblado está formado por diferentes conjuntos, en los que localizan edificios comunales, alrededor de los cuales se construyeron las casas donde vivía la comunidad. Conserva un extenso tramo de muralla, que originariamente rodearía la totalidad del poblado. Recientemente ha sido objeto de restauración y de adaptación como recurso turístico, y cuenta además con un centro de interpretación y varios itinerarios para su visita.

En el año 1964 se construyeron los dos primeros hoteles en la playa de s’Illot, al lado del torrente que transcurre desde las montañas de Calicant pasando por Sant Llorenç des Cardassar y Son Carrió. Desde entonces ha ido creciendo como centro turístico, con más hoteles, apartamentos y servicios turísticos, para dar cobertura a la demanda turística.

Son Carrió

A mediados del siglo XIX, en el termino municipal de Sant Llorenç des Cardassar, se produjo un proceso de división de grandes fincas rústicas en unidades de explotación más pequeñas, siguiendo la tendencia general del resto de la isla. El año 1860 se parcelaron gran parte de la finca conocida como Son Carrió en pequeñas propiedades que fueron adquiridas por los vecinos de Sant Llorenç des Cardassar y de Manacor.

En el período entre 1885 y 1893 la subdivisión de las fincas de Son Tovell, Sa Gruta, Es Rafal de Sa Riba, Son Berga, Es Molinet, Es Boscarró, y muchas otras produjo un aumento importante de la población y concretamente al núcleo de Son Carrió una rápida reconversión de terreno rústico a urbano, apto para la edificación.

En 1879 el núcleo de Sant Miguel, como llamaban entonces a Son Carrió, estaba formado por tres calles longitudinales y cuatro transversales, muy parecido al que conocemos actualmente.

La donación el año 1866, por parte de Joan Lliteres Llull, de una parcela anexa a su tienda para construir un templo para la población, que iba creciendo, y la llegada de las monjas Franciscanas el año 1899, fueron los detonantes que aceleraron la evolución del pueblo que conocemos hoy en día.

La nueva parroquia, la Iglesia de Sant Miquel, es un templo de culto católico cuya construcción se inició en el año 1899, a partir de los planos esbozados por Mn. Antonio Maria Alcover, revisados por Joan Guasp y ligeramente modificados por los arquitectos catalanes Antoni Gaudí y Joan Rubió. Se inauguró en el año 1907. Lo que más llama la atención del templo es la fachada de estilo neorrománico, el rosetón en forma de abanico y el campanario de cuatro pisos. Los edificios de la parte posterior siguen el mismo estilo constructivo, se trata de la vicaría y el antiguo convento de las Franciscanas.

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